Y se fue otro domingo más.
Terminé de leer Do androids dream of electric sheep? Nada. Que ahora está pendiente ver Blade Runner (la primera), porque la segunda la vi por allá cuando se estrenó.
Debería hacerlo cuanto antes porque si demoro, recordaré con menos claridad el libro y no será muy divertido compararlos.
Es algo gracioso porque mezclas formatos. No sabes si un escena de la peli realmente pasó en el libro o viceversa. Una amalgama total.
En fin. Este no es un blog de reseñas de libros, ni de películas ni de nada parecido. Ni pretende serlo eh. No confundas mi torpeza para tejer palabras.
He de decir que pasé desapercibidos varios asuntos, por lo que, debería darle una segunda lectura. Keivy estaría contenta de escuchar esas palabras. Aún así, puedo hacer hincapié sobre un par de tópicos que han quedado pegados en mi cerebro.
Lo obvio, al final del día ¿Qué es lo que nos hace humanos? ¿Podría un ser humano ser despojado de ese título? ¿Bajo que criterios? Y no es necesario imaginarse un futuro dónde máquinas y personas son casi imposibles de diferenciar. Ha ocurrido. Nuestro color de piel fue un check inmediato para decidir inferiores a unos muchos y superiores a otros pocos.
Total, que hay un punto. La empatía. ¿La empatía? Que es inherente a las personas. Podría ser una característica determinante. ¿O no?
Nos hace humanos, por ejemplo, cuidar de aquellos que no ostentan el mismo título que nosotros y, aún así, darles el mismo trato y consideración. Estas son las ovejas, las cabras, las arañas, los sapos, los búhos, los gatos, las yeguas de nuestra identidad.
Tal vez.