Ahí donde hubo arañas por largo tiempo, hoy hay cuatro semillas que brotan pacientemente.
Tengo 22 años. Una afirmación que se vuelve pregunta y otra veces, exclamación. Las semanas pasan irremediablemente. Pronto empezará un nuevo año y no sé cómo sentirme al respecto. Miro atrás y solo siento que han pasado unos cuantos días desde que cogía mi abrigo para protegerme de la lluvia. Protegerme. Debí usar paraguas pero soy demasiado perezosa para cargar con eso. Prefiero buscar las superficies que sobresalen por la vereda y evitar las gotas gordas de los cables. Creo que eso resume perfectamente mi carácter y actitud ante la vida. Me gusta así. Me gusta ser la persona sin paraguas. Presumo que en algún momento será todo lo contrario. Da igual, he pensado mucho últimamente. Y no era para menos. Creo que lo mínimo que uno puede hacer con tanto tiempo libre es romperse el coco un par de horas al día para compensar todo lo demás.
Que ahora me encuentro fatal. Tal vez me enferme los días que vienen o tal vez es solo el chocolate que comí con semejante emoción. Me dijeron que tome un sorbo de pisco y luego me prepare infusión de boldo. Lo hice y me siento mejor. Normalmente me hubiera conformado con dormir pero ya no puedo porque tomé una siesta larga toda la tarde.
¡Tengo 22 años! La mayoría de veces eso ha sido motivo de preocupación. Pero estoy aprendiendo a verlo como lo que realmente es: un hecho. Ya sueno a Dwight jaja. Algo que no es bueno ni malo. Pero vamos, que somos jóvenes. A esta edad nadie sabe nada. Solo estamos viviendo porque pues estamos vivos. Y ya. ¿Qué se supone que deba haber logrado ahora? ¿Dónde se supone que deba estar? ¿A qué debería apuntar? Y hay tantas otras cuestiones que se me vienen a la mente. Y la única conclusión a la que arribo es que quiero estar bien. No quiero sentir que estoy en una carrera. Ni quiero que me impongan una meta ni obstáculos que se supone me hacen más valiosa. Quiero poder decidir sin que haya algo dentro mío que me obligue a pensar diferente. Supongo que quiero ser libre como todos. Un deseo imposible de concretar, vaya. No he descubierto la pólvora pero es necesario afirmarlo y no mantenerlo oculto porque le hace daño al corazón.
Tampoco quiero hundirme en estas cuestiones, vamos. Solo me desahogo un momento antes de volver a mi día. Lo cerraré leyendo un cuento. Y listo. Hasta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario